Así es, entre canciones de mis «Grandes Héroes del Silencio», aparatos como el despertador y Ouijas realizadas a lo tonto con amigas.. me llevó a un mundo del que no recordaba muchas cosas, o más bien tenía en el hueco vacío de mi mente a punto de caer y derramarse en el olvido.

Fuimos con unos amigos, y sinceramente, ya me esperaba que no fuera a ser una película de miedo. Mi amiga Cristina me comentaba que creía haber oído que trataba sobre la Verónica de su época, a la que invocaban cuando ella era joven, pero no, trató de ser la Verónica de la mía, puesto que la diferencia de edad entre ella y yo es de más de diez años, sabíamos que no podría ser la misma.

Bien pues, la recomiendo, no precisamente por el miedo ni por los sustos, ni mucho menos por los efectos, la recomiendo para escuchar, para sentir, para ver de nuevo  y recordar aquel despertador de gallo que gritaba cada mañana en mi mesilla.. aquellos vasos típicos marrones de cristal (feos con ganas) que adornaban nuestras cocinas, aquel juego de «Don simón» que tanto nos gustaba a mis hermanos y a mí, muchas otras cosas de las que me podría pasar hablando horas, escribiendo «libros». Aquí lo dejo con un punto y a parte, porque seguramente caiga en la tentación de verla de nuevo en mi casa, en mi intimidad, y vuelva a recordar que me faltaban muchas palabras que escribiros en un nuevo post.

 

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